Contagiando a cada niño la creencia del “yo puedo”

“Esa es la clave, si un adulto le dice a un niño “tu puedes”, entonces puede” Kiran Bir Sethi

La historia de esta mujer me inspiró a escribir este artículo. 

Kiran Bir Sethi, diseñadora, madre, revolucionaria y valiente mujer, es la fundadora del movimiento educativo Design for changeel cual comenzó en el 2009 y hasta la fecha está presente en más de 66 países, contagiando niño a niño la poderosa creencia del “yo puedo”.

Kiran, al igual que muchas de nosotras, simplemente buscaba darle la mejor educación posible a su hijo. Ella cuenta como un día fue a la escuela a conversar con la maestra para que le hablará más acerca de los intereses y habilidades que había detectado en él. Para su sorpresa en la escuela, su hijo era un número más, por lo que cuando le mencionó a la maestra su nombre, inmediatamente ella le pidió el código del estudiante para poder bajar su reporte. 

Esto le llamó tanto la atención, que decidió inmediatamente sacar a su hijo de esa escuela y movida por ese sentimiento de frustración e indignación, abrió las puertas de su casa para darles, a su hijo y a otros niños, la posibilidad de una educación diferente. Comenzó con 25 niños y niñas y su intención desde ese entonces hasta ahora no ha cambiado; desde sus inicios Kiran buscó brindarle a cada uno la importancia que se merecen dándoles plena atención al escuchar activamente sus necesidades, deseos e intereses. No estaba de acuerdo con la cultura escolar la cual por el contexto en el que se desarrolla refuerza (inconscientemente) el “no puedo”. Estaba decidida, por lo tanto, a demostrar, a los niños, a los padres y a ella misma, que, si tan solo nos permitimos creer en los niños y actuamos intencionalmente para mostrar esa confianza y alimentarla, las posibilidades de lo que son capaces de hacer son infinitas. 

Las siglas FIDS representan la filosofía de este movimiento; las cuales provienen de las palabras en ingles Feel, Imagine, Do, Share(siente, imagina, haz, comparte). Estas siglas representan el enfoque que el programa Design for changebusca implementar en cada escuela para lograr empoderar a los niños y que estos se conviertan en agentes de cambio, no del futuro, sino como ella menciona, del ahora. 

“Contagiar a cada niño la poderosa creencia del yo puedo” es una meta que tanto Design for change como Humano tenemos en común. Nosotras estamos convencidas que el éxito en la vida depende del conocimiento y la confianza que se tiene en las propias habilidades e intereses, pues estas son nuestras herramientas más valiosas y de las que nos valemos para seguir adelante día a día. La visión que tenemos es clara, todo es posible para quien cree, y este creer connota la confianza en el entorno como en uno mismo, y para ello el autoconocimiento de la mano de la autorregulación y la responsabilidad propia son fundamentales. 

Sabemos que lo que la educación les dé a los niños, ellos se lo devolverán a la sociedad. Entonces, ¿qué les estamos dando?

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El objetivo de la educación es la virtud

“El niño adquiere involuntariamente inspiración e interés de todo cuanto ve y escucha”

Desde 1930, el psicólogo Vygotsky ya había notado un hecho fascinante; que los niños y niñas aprenden más de su entorno que de lo que un adulto intenta enseñarles. Por este motivo, fue que desarrollo una de las teorías más relevantes en cuanto a educación y desarrollo humano; la del constructivismo social. Esta teoría sostiene que el aprendizaje esta fuertemente motivado y moldeado por la interacción que el niño tiene con su entorno y con los demás. Por lo que el desarrollo del individuo, es el resultado de su cultura (viendo la cultura como el entorno natural en el que se desarrollan las personas y desde el que aprenden).

Suzuki, otra figura prominente en la educación, sostenía que el individuo es el resultado de su entorno. El decía que: ” son las circunstancias y el ambiente los factores que burilan y cincelan la personalidad de todo ser humano: su talento, su manera de pensar y de sentir”

Ambos personajes estaban en lo cierto, sin embargo ¿por que hasta el día de hoy no nos hemos esforzado por garantizar que los niños y niñas crezcan en ambientes óptimos donde se promueva el amor, la comunicación respetuosa y no violenta, la colaboración, el servicio, la empatía y la honestidad?

Curiosamente, nuestro enfoque está más en la parte académica y la adquisición de conocimientos pues creemos que eso es lo que va a formar a nuestros hijos como “adultos competentes” y desafortunadamente, no le damos la misma importancia al desarrollo de la calidad humana. Y el resultado de esto es la sociedad en la que vivimos actualmente, donde el espíritu de competencia está más alimentado que el de colaboración, donde valen más los títulos y status sociales que el corazón y nobleza de la persona, donde prima el individualismo egoísta a la necesidad de velar por el bien común.

Esta es la consecuencia del enfoque erróneo que hemos tenido por tanto tiempo respecto a la educación. Educar no se trata de llenarnos de conocimiento sino más bien como decía Platón “el objetivo de la educación es la virtud y el deseo de convertirse en un buen ciudadano” y qué es ser un buen ciudadano si no es reflejar todas aquellas cualidades que son las más elevadas de nuestra especie, como lo son el amor, la empatía, la honestidad, el servicio, la generosidad, el respeto y la responsabilidad.

No estoy diciendo que la parte académica no sea importante, porque sí lo es, pero lo fundamental es formar personas de noble pensamiento y sentimiento, para que así, el conocimiento sea puesto al servicio y beneficio de toda la humanidad y no de intereses egoístas simplemente.

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La importancia del ambiente en el crecimiento del niño

“Muchos son los niños que se crían dentro de un ambiente que les atrofia e incapacita, y entonces se presume que son así por defecto de nacimiento; incluso ellos mismos llegan a creérselo” Shinichi Suzuki, violinista, educador y filósofo.

Shinichi Suzuki es el creador de la pedagogía Suzuki, la cual es un método tanto de educación como de filosofía fundada en el respeto al niño como persona y en el concepto de que la habilidad no se hereda si no que se aprende. Su método es conocido como Educación del Talento, ya que para Shinichi, el talento no es algo que está presente o no en un niño, sino que es algo que se educa y se desarrolla.

Al igual que Suzuki, estamos convencidas que los niños nacen con un potencial ilimitado el cual no llega, en la mayoría de los casos por desgracia, a ser explorado y menos aún desarrollado. Esto sin duda se debe a la falsa creencia que tenemos de que el talento es algo innato y no algo que puede ser cultivado, como él menciona. Sin embargo, Suzuki desarrolla su filosofía basándose en el hecho universal de que todos los niños son capaces de aprender con facilidad su lengua materna, ya que el método de enseñanza- aprendizaje se basa en la repetición e imitación constante y los comentarios positivos acerca del trabajo y avance del niño.

En HUMANO compartimos valores similares pues al igual que Shinichi creemos que:

  • Todos los niños pueden aprender.
  • El ambiente nutre el crecimiento y que este es esencial para un desarrollo óptimo.
  • La participación de los padres es esencial.
  • Cada niño aprende a su propio ritmo.
  • Repetición e imitación constante son claves.
  • Fomentamos la cooperación en vez de la competencia.

Y es justamente por esto que nuestro objetivo es brindar a los niños un ambiente fértil, lleno de amor y confianza donde el infante pueda adquirir inspiración e interés de todo cuanto ve y escucha, ya que sabemos que es el medio ambiente superior lo que surte mayor efecto en la creación de capacidades superiores en los niños.

La educación debería implicar mejora

“(…)En un aspecto puntual, se reconoce que la educación es una forma de modificar al hombre, para adaptarlo y posibilitar un desenvolvimiento de las posibilidades del ser. Esta modificación no tendría sentido si no implicara una mejora”Ramón Eduardo Azócar Añez (Doctor en ciencias de la educación, conferencista y docente universitario)

Tomando como punto de partida esta afirmación que hace el Dr. Ramón en su artículo “La visión epistemológica de la educación” me pregunto si realmente nuestras escuelas “modifican al ser humano hacia la mejora” o, si en vez, coartan nuestra libertad de pensamiento para domesticarnos a pensar (y por ende actuar) de determinada manera.

Nuestro sistema educativo actual es el mismo desde los años de la revolución industrial. Muy poco se ha modificado, tanto en contenido como en estructura y modelo de enseñanza- aprendizaje, por lo que nuestra educación ha quedado obsoleta para los retos que nos presenta este nuevo siglo.

Actualmente México está dando sus primeros pasos hacia la implementación de un nuevo modelo educativo el cual, al menos en teoría, busca educar para la creatividad y la libertad y promete ser revolucionario. Sin embargo, si lo que realmente queremos es una verdadera revolución en la educación de manera que se convierta en un agente disruptivo del modelo de sociedad que actualmente tenemos, el cambio debe ser radical; desde el paradigma que tenemos de escuela, hasta la manera de enseñar. No podemos educar para la libertad si no estamos dispuestos a devolverles esa libertad a los niños para decidir, tanto lo que quieren (y les interesa) aprender, como la manera más efectiva (y natural) de procesar el conocimiento hasta convertirlo en verdadero aprendizaje.

Para que este otorgamiento de libertad y auto control de su propia educación pueda ser fructífero, primero debemos asegurarnos que cada niño se conozca a sí mismo, sepa quién es y reconecte con su verdadero ser. Este auto conocimiento, no se da por mera coincidencia, es sino el resultado de una auto exploración continua de manera que la motivación de aprender algo sea intrínseca, por ende, auténtica. Necesitamos formar agentes de cambio que traigan consigo las semillas de una nueva sociedad, sustentable y consciente; porque crear una sociedad consciente, requiere de ciudadanos conscientes.

Permitir que los niños crezcan y se desarrollen en un entorno natural, donde se fomente una cultura de meditación, auto descubrimiento, respecto y conexión con la naturaleza es primordial, ya que aprenden más de su entorno que de lo que se les enseña en clases.

“La educación no es un proceso industrial, sino orgánico”

En el libro “Escuelas Creativas” el autor Ken Robinson compara la educación tradicional con la agricultura y nos menciona como antes de la revolución industrial la población se concentraba en las áreas rurales donde la mayoría se dedicaba a trabajar la tierra y a la crianza de animales para el consumo propio o local. Sin embargo,  en el siglo XVIII esto comenzó a cambiar drásticamente.

Si bien la industrialización de la agricultura supuso “mejoras” en la eficacia de la siembra, de la cosecha y del procesamiento de toda clase de cultivos, el precio a pagar por estos “éxitos” ha sido muy elevado creando una contaminación devastadora en mares y ríos por el uso de pesticidas y fertilizantes. No solo eso, la industrialización de granjas y productos animales, con afán de minimizar costos y aumentar la producción, han generado una cantidad desmesurada de uso de hormonas para el crecimiento del animal (lo cual aumenta su valor) y además, la implementación del uso de antibióticos para controlar las enfermedades ha tenido, inevitablemente, efectos adversos sobre la salud humana.

Hace poco más de treinta años comienzan a popularizarse la práctica de sistemas alternativos de agricultura ecológica u orgánica, la cual se basa fundamentalmente en cuatro principios como nos comenta el autor:

  • Salud: el buen estado de todo aquello que abarca el proceso agrícola- desde el suelo, las plantas y los animales hasta la totalidad del planeta- es fundamental, y habría que evitar cualquier clase de práctica que ponga en peligro su salud y bienestar.
  • Ecología:Los procesos agrícolas tienen que ser compatibles con los sistemas y ciclos ecológicos, y es vital mantener el equilibrio y la interdependencia de los sistemas biológicos.
  • Justicia: Todos los participantes en el proceso- sean el agricultor, los trabajadores o el consumidor- deben recibir un trato justo.
  • Cautela:Antes de utilizar una nueva tecnología o técnica, hay que analizar primero sus efectos en el entorno biológico a corto y largo plazo.

Al igual que en la agricultura, la educación industrial se ha enfocado en la producción y el rendimiento: mejorar las notas, encabezar las tablas de clasificación, aumentar el número de graduados universitarios. Es muy fácil ver los efectos colaterales de este sistema: deserción escolar, aburrimiento, falta de motivación y de aprendizaje significativo, inhibición del desarrollo de los estudiantes, descontento, entre otros.

Cuando comprendamos que la educación, al igual que la agricultura se trata de un sistema biológico con su propio proceso orgánico y no industrial, podremos mejorar el modelo de enseñanza y aprendizaje. “Los cuatro principios fundamentales de la agricultura orgánica pueden aplicarse al tipo de educación que necesitamos cultivar con urgencia” nos dice el autor. Serían los siguientes:

  • Salud: La educación orgánica impulsa el desarrollo y el bienestar del individuo en su conjunto: intelectual, físico, espiritual y social.
  • Ecología: La educación orgánica reconoce la interdependencia clave de todos los aspectos del desarrollo en cada estudiante y en el conjunto de la comunidad.
  • Justicia: La educación orgánica cultiva los talentos y el potencial de todos los alumnos, al margen de sus circunstancias, y respeta las funciones y responsabilidades de quienes trabajan con ellos.
  • Cautela: La educación orgánica crea las condiciones óptimas para el desarrollo de los alumnos, basadas en la compasión, en la experiencia y en la sabiduría práctica.

No estamos hablando de productos fabricados, sino de personas con opiniones, sentimientos, talentos, motivaciones e intereses diversos, si seguimos viendo a los estudiantes como productos o datos, tendremos un concepto equivocado de cómo debería ser el modelo educativo.

Ken Robinson, 2015, Escuelas Creativas, Grijalbo

Photo by Gabriel Jimenez on Unsplash

¿Cómo transformar la vida de nuestros hijos?

“Si usted y yo inspiramos a aquellos con quienes entramos en contacto para que comprendan los ocultos tesoros que poseen, podemos hacer mucho más que cambiarlos; podemos, literalmente, transformarlos” Dale Carnegie

Está científicamente comprobado que todo en este planeta está compuesto por los mismos elementos: átomos. Los cuales a su vez están compuestos por protones y electrones. Tú, yo, las plantas, los animales, incluso las rocas y la arena, es decir todo, absolutamente todo está formado por esos elementos.

Quizás te preguntes ¿por qué entonces todo se ve diferente? Y la respuesta es porque cada cosa tiene una vibración distinta y por lo tanto, esta misma energía por la que todo está compuesto, se materializa de diferentes formas.

Numerosos estudios demuestran el efecto que la música tiene sobre el agua, incluso ahora se sabe que nuestros pensamientos producen una vibración y esta es emitida al universo el cual simplemente iguala la frecuencia en la que estamos y nos devuelve pensamientos, y por ende experiencias, similares a ese nivel de frecuencia en el que estamos.

¿Qué quiere decir esto?

Quiere decir que, así como lo dicta la famosísima “ley de la atracción”, atraeremos a nuestras vidas aquello en lo que pensamos constantemente.

¿Qué tiene que ver esto con la educación?

Si desde pequeños les enseñamos a nuestros hijos el poder de sus pensamientos y la importancia de sentirse bien para seguir atrayendo a sus vidas situaciones en las que puedan seguir sintiéndose mejor y mejor, les estaremos dando la llave para transformar sus vidas y ser co- creadores de su futuro.

Todos nosotros como padres y madres queremos lo mejor para nuestros hijos. Queremos asegurarnos que tengan una vida plena, feliz, llena de amor, salud y prosperidad; queremos que sean buenos ciudadanos que impacten positivamente a su comunidad, no es cierto?

Lo que la mayoría de nosotros no consideramos, es que para conseguir eso, lo más importante y trascendente que podemos hacer es enseñarles a pensar de manera positiva y a controlar sus emociones. Es muy simple, pero no es una tarea sencilla,

¿Sabes por qué?

Porque para poder enseñarle a alguien a pensar positivamente y controlar sus emociones, esto no se puede enseñar diciendo, sino más bien es algo que se aprende viendo, imitando, modelando. Esto significa que nosotros como padres y madres debemos estar ahí primero; entrenar nuestra mente para que sin importar la circunstancia por la que estemos atravesando, podamos pensar de manera positiva teniendo la convicción de que todo lo que sucede es para nuestro propio crecimiento; de forma que nos sintamos bien siempre.

Así como las moléculas del agua se ven alteradas según el tipo de música a la que son sometidas, nosotros los seres humanos también nos transformamos según al tipo de entorno y el tipo de vibraciones que recibimos. Si un niño vive rodeado de negatividad, de preocupación, estrés, pensamientos de escases, etc., eso es lo que va a modelar. Por otro lado, si un niño o una niña vive constantemente influenciado por personas positivas, que entienden y conocen el poder de los pensamientos y emociones; que conscientemente y a cada instante deciden sentirse mejor y mejor, emular esto será natural para ellos.

El entrenamiento mental, el control de las emociones y la práctica de la gratitud diarios son factores que pueden transformar radicalmente la vida de nuestros hijos.

¡Esa es la educación que queremos darles porque estamos convencidos que la transformación de la sociedad comienza por la transformación de cada individuo y esta comienza en el único lugar donde todo se crea: en la mente.

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