“La educación no es un proceso industrial, sino orgánico”

En el libro “Escuelas Creativas” el autor Ken Robinson compara la educación tradicional con la agricultura y nos menciona como antes de la revolución industrial la población se concentraba en las áreas rurales donde la mayoría se dedicaba a trabajar la tierra y a la crianza de animales para el consumo propio o local. Sin embargo,  en el siglo XVIII esto comenzó a cambiar drásticamente.

Si bien la industrialización de la agricultura supuso “mejoras” en la eficacia de la siembra, de la cosecha y del procesamiento de toda clase de cultivos, el precio a pagar por estos “éxitos” ha sido muy elevado creando una contaminación devastadora en mares y ríos por el uso de pesticidas y fertilizantes. No solo eso, la industrialización de granjas y productos animales, con afán de minimizar costos y aumentar la producción, han generado una cantidad desmesurada de uso de hormonas para el crecimiento del animal (lo cual aumenta su valor) y además, la implementación del uso de antibióticos para controlar las enfermedades ha tenido, inevitablemente, efectos adversos sobre la salud humana.

Hace poco más de treinta años comienzan a popularizarse la práctica de sistemas alternativos de agricultura ecológica u orgánica, la cual se basa fundamentalmente en cuatro principios como nos comenta el autor:

  • Salud: el buen estado de todo aquello que abarca el proceso agrícola- desde el suelo, las plantas y los animales hasta la totalidad del planeta- es fundamental, y habría que evitar cualquier clase de práctica que ponga en peligro su salud y bienestar.
  • Ecología:Los procesos agrícolas tienen que ser compatibles con los sistemas y ciclos ecológicos, y es vital mantener el equilibrio y la interdependencia de los sistemas biológicos.
  • Justicia: Todos los participantes en el proceso- sean el agricultor, los trabajadores o el consumidor- deben recibir un trato justo.
  • Cautela:Antes de utilizar una nueva tecnología o técnica, hay que analizar primero sus efectos en el entorno biológico a corto y largo plazo.

Al igual que en la agricultura, la educación industrial se ha enfocado en la producción y el rendimiento: mejorar las notas, encabezar las tablas de clasificación, aumentar el número de graduados universitarios. Es muy fácil ver los efectos colaterales de este sistema: deserción escolar, aburrimiento, falta de motivación y de aprendizaje significativo, inhibición del desarrollo de los estudiantes, descontento, entre otros.

Cuando comprendamos que la educación, al igual que la agricultura se trata de un sistema biológico con su propio proceso orgánico y no industrial, podremos mejorar el modelo de enseñanza y aprendizaje. “Los cuatro principios fundamentales de la agricultura orgánica pueden aplicarse al tipo de educación que necesitamos cultivar con urgencia” nos dice el autor. Serían los siguientes:

  • Salud: La educación orgánica impulsa el desarrollo y el bienestar del individuo en su conjunto: intelectual, físico, espiritual y social.
  • Ecología: La educación orgánica reconoce la interdependencia clave de todos los aspectos del desarrollo en cada estudiante y en el conjunto de la comunidad.
  • Justicia: La educación orgánica cultiva los talentos y el potencial de todos los alumnos, al margen de sus circunstancias, y respeta las funciones y responsabilidades de quienes trabajan con ellos.
  • Cautela: La educación orgánica crea las condiciones óptimas para el desarrollo de los alumnos, basadas en la compasión, en la experiencia y en la sabiduría práctica.

No estamos hablando de productos fabricados, sino de personas con opiniones, sentimientos, talentos, motivaciones e intereses diversos, si seguimos viendo a los estudiantes como productos o datos, tendremos un concepto equivocado de cómo debería ser el modelo educativo.

Ken Robinson, 2015, Escuelas Creativas, Grijalbo

Photo by Gabriel Jimenez on Unsplash

¿Cómo transformar la vida de nuestros hijos?

“Si usted y yo inspiramos a aquellos con quienes entramos en contacto para que comprendan los ocultos tesoros que poseen, podemos hacer mucho más que cambiarlos; podemos, literalmente, transformarlos” Dale Carnegie

Está científicamente comprobado que todo en este planeta está compuesto por los mismos elementos: átomos. Los cuales a su vez están compuestos por protones y electrones. Tú, yo, las plantas, los animales, incluso las rocas y la arena, es decir todo, absolutamente todo está formado por esos elementos.

Quizás te preguntes ¿por qué entonces todo se ve diferente? Y la respuesta es porque cada cosa tiene una vibración distinta y por lo tanto, esta misma energía por la que todo está compuesto, se materializa de diferentes formas.

Numerosos estudios demuestran el efecto que la música tiene sobre el agua, incluso ahora se sabe que nuestros pensamientos producen una vibración y esta es emitida al universo el cual simplemente iguala la frecuencia en la que estamos y nos devuelve pensamientos, y por ende experiencias, similares a ese nivel de frecuencia en el que estamos.

¿Qué quiere decir esto?

Quiere decir que, así como lo dicta la famosísima “ley de la atracción”, atraeremos a nuestras vidas aquello en lo que pensamos constantemente.

¿Qué tiene que ver esto con la educación?

Si desde pequeños les enseñamos a nuestros hijos el poder de sus pensamientos y la importancia de sentirse bien para seguir atrayendo a sus vidas situaciones en las que puedan seguir sintiéndose mejor y mejor, les estaremos dando la llave para transformar sus vidas y ser co- creadores de su futuro.

Todos nosotros como padres y madres queremos lo mejor para nuestros hijos. Queremos asegurarnos que tengan una vida plena, feliz, llena de amor, salud y prosperidad; queremos que sean buenos ciudadanos que impacten positivamente a su comunidad, no es cierto?

Lo que la mayoría de nosotros no consideramos, es que para conseguir eso, lo más importante y trascendente que podemos hacer es enseñarles a pensar de manera positiva y a controlar sus emociones. Es muy simple, pero no es una tarea sencilla,

¿Sabes por qué?

Porque para poder enseñarle a alguien a pensar positivamente y controlar sus emociones, esto no se puede enseñar diciendo, sino más bien es algo que se aprende viendo, imitando, modelando. Esto significa que nosotros como padres y madres debemos estar ahí primero; entrenar nuestra mente para que sin importar la circunstancia por la que estemos atravesando, podamos pensar de manera positiva teniendo la convicción de que todo lo que sucede es para nuestro propio crecimiento; de forma que nos sintamos bien siempre.

Así como las moléculas del agua se ven alteradas según el tipo de música a la que son sometidas, nosotros los seres humanos también nos transformamos según al tipo de entorno y el tipo de vibraciones que recibimos. Si un niño vive rodeado de negatividad, de preocupación, estrés, pensamientos de escases, etc., eso es lo que va a modelar. Por otro lado, si un niño o una niña vive constantemente influenciado por personas positivas, que entienden y conocen el poder de los pensamientos y emociones; que conscientemente y a cada instante deciden sentirse mejor y mejor, emular esto será natural para ellos.

El entrenamiento mental, el control de las emociones y la práctica de la gratitud diarios son factores que pueden transformar radicalmente la vida de nuestros hijos.

¡Esa es la educación que queremos darles porque estamos convencidos que la transformación de la sociedad comienza por la transformación de cada individuo y esta comienza en el único lugar donde todo se crea: en la mente.

Photo by Jyotirmoy Gupta on Unsplash