Sé que el caos, los problemas, las enfermedades, la inseguridad…, han sido parte de la historia de la humanidad. Sin embargo, estos días siento que la paranoia esta aumentando a una escala que puede salirse de control.

Cuando las personas estamos con miedo, nos convertimos automáticamente en narcisistas; no porque seamos malos sino por instinto de supervivencia: si percibo que estoy en peligro, automáticamente mi prioridad es velar por mi mismo para sobrevivir. No se desde cuando ya habíamos perdido el sentido de comunidad, y ahora con este nuevo virus, que cumple con todas las características para generar más pánico (es desconocido, invisible y según dicen mortal) lo que esta sucediendo es que cada vez nos estamos separando y alejando más y más unos de otros. ¡Que triste ir por la calle y que las personas ya no quieran darte la mano por miedo a contagiarse!

Y así, poco a poco nos estamos encerrando y separando por “seguridad”, cuando la realidad es que nuestra fortaleza y verdadera seguridad reside en la unión, en la comunidad, en tejer lazos con nuestros hermanos y hermanas. Ese virus no nos va a matar, lo que nos va a matar es el miedo y la desconfianza con la que vivimos. 

Hay dos maneras de vivir: confiando o con miedo. Cuando vivimos confiando estamos en una frecuencia de vibración elevada (la magia, los milagros y las bendiciones están ahí, en esa frecuencia), pero cuando vivimos con miedo, nuestra vibración es baja, tan baja como la vibración de las enfermedades y todo eso a lo que le tenemos miedo. No se puede vivir con miedo y esperar que nos sucedan cosas buenas; no son compatibles, son dos realidades opuestas.

Por otro lado, si vivimos confiando y agradeciendo constantemente por la salud, por el amor, por la unidad, por nuestra familia, por nuestros compañeros de trabajo, por la persona que me preparó el café hoy; no solo comenzamos a sentirnos mejor y elevamos así nuestra vibración, sino que nos convertimos en “cargadores” y vamos energizando e iluminando por donde pasamos.

Todos nosotros tenemos la cualidad de sanar, no solo a nuestro propio cuerpo sino a los demás, y esta capacidad no es exclusiva de los doctores o terapeutas. Cada uno de nosotros podemos ser sanadores unos de otros si comenzamos a caminar por el mundo recargados, es decir, procurando conectar con el otro con una sonrisa, un abrazo, una mirada, o un saludo cordial. Caminar recargado significa andar con la actitud de gratitud, de estar vivos como si realmente quisiéramos estar vivos, sosteniendo una postura de apertura y firmeza, con la frente en alto y la espalda recta, caminando con ligereza como cuando estas escuchando una canción que te encanta y hasta te dan ganas de mover tu cuerpo.  

Constantemente estamos afectando a los demás con nuestra actitud, con nuestras conversaciones, con nuestra forma de reaccionar. Afectar es inevitable, pero si podemos decidir de que manera vamos a afectar, ¿vamos a recargar o vamos a descargar a los demás?

Pero antes de recargar a alguien debemos ocuparnos de estar recargados nosotros mismos, de estar llenos de energía, amor, luz y vitalidad, y para eso hay dos practicas infalibles: meditar y como diría un amigo, “doblar rodillas”. 

Hoy en día, ya no es una opción el meditar y orar, es una necesidad, porque de lo contrario es muy fácil contagiarse de todo el miedo que esta rondando. He dejado de meditar y orar por mucho tiempo y curiosamente me he enfermado, me he estresado y es cuando mas he sentido que “no tenia tiempo”. Afortunadamente tengo un par de días que he vuelto a retomar estas practicas sagradas y te lo digo por experiencia, el cambio es instantáneo y abismal. De un día a otro me siento más ligera, con más energía, más alegre, más confiada, el día mágicamente pareciera tener más horas, soy más paciente, y puedo ser más amable y empática con los demás. 

Hay una canción que me ENCANTA de Darwin Grajales y te invito a escucharla y bailarla si quieres (te dejo el link aquí https://youtu.be/YJu8vjB8AHw). Lo que dice es lo que debemos hacer, echar el miedo al fuego y volver al amor, echar el miedo al fuego y sentir el calor.

Como seres humanos necesitamos el calor fraterno de los demás, no podemos vivir aislados, realmente no nos conviene. No necesitamos seguir separándonos mas, sino mas bien, necesitamos volver a confiar en la bondad, en el amor y en la calidez humana. 

Despierta cada mañana, dobla rodillas y agradece por estar vivo, por lo que tienes y por lo que eres, es la única manera de protegerte de cualquier virus, mal o adversidad. 

Photo by Perry Grone on Unsplash

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