“(…)En un aspecto puntual, se reconoce que la educación es una forma de modificar al hombre, para adaptarlo y posibilitar un desenvolvimiento de las posibilidades del ser. Esta modificación no tendría sentido si no implicara una mejora”Ramón Eduardo Azócar Añez (Doctor en ciencias de la educación, conferencista y docente universitario)

Tomando como punto de partida esta afirmación que hace el Dr. Ramón en su artículo “La visión epistemológica de la educación” me pregunto si realmente nuestras escuelas “modifican al ser humano hacia la mejora” o, si en vez, coartan nuestra libertad de pensamiento para domesticarnos a pensar (y por ende actuar) de determinada manera.

Nuestro sistema educativo actual es el mismo desde los años de la revolución industrial. Muy poco se ha modificado, tanto en contenido como en estructura y modelo de enseñanza- aprendizaje, por lo que nuestra educación ha quedado obsoleta para los retos que nos presenta este nuevo siglo.

Actualmente México está dando sus primeros pasos hacia la implementación de un nuevo modelo educativo el cual, al menos en teoría, busca educar para la creatividad y la libertad y promete ser revolucionario. Sin embargo, si lo que realmente queremos es una verdadera revolución en la educación de manera que se convierta en un agente disruptivo del modelo de sociedad que actualmente tenemos, el cambio debe ser radical; desde el paradigma que tenemos de escuela, hasta la manera de enseñar. No podemos educar para la libertad si no estamos dispuestos a devolverles esa libertad a los niños para decidir, tanto lo que quieren (y les interesa) aprender, como la manera más efectiva (y natural) de procesar el conocimiento hasta convertirlo en verdadero aprendizaje.

Para que este otorgamiento de libertad y auto control de su propia educación pueda ser fructífero, primero debemos asegurarnos que cada niño se conozca a sí mismo, sepa quién es y reconecte con su verdadero ser. Este auto conocimiento, no se da por mera coincidencia, es sino el resultado de una auto exploración continua de manera que la motivación de aprender algo sea intrínseca, por ende, auténtica. Necesitamos formar agentes de cambio que traigan consigo las semillas de una nueva sociedad, sustentable y consciente; porque crear una sociedad consciente, requiere de ciudadanos conscientes.

Permitir que los niños crezcan y se desarrollen en un entorno natural, donde se fomente una cultura de meditación, auto descubrimiento, respecto y conexión con la naturaleza es primordial, ya que aprenden más de su entorno que de lo que se les enseña en clases.

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